viernes, 31 de diciembre de 2010

2011: Venezuela vs. Hugo Chávez… El todo por el todo



Por Maibort Petit

Las últimas semanas del 2010 han sido, tal vez, uno de los peores tiempos para la democracia venezolana. Chávez decidió radicalizar la revolución, imponiendo su criterio y montando un aparataje jurídico que transforma la institucionalidad de la Republica, dejando espacio para que surja un Estado paralelo, que le permitiría al régimen controlar el poder, de manera caprichosa, y obviar el mandato de  la mayoría de la sociedad que se ha expresado por la pluralidad y en contra del socialismo

La actitud empecinada de Hugo Chávez nos llevará a un escenario lleno de conflictos en 2011. Desde el inicio nos esperan muchas luchas, que nos obligarán a sopesar el todo por el todo. El reto que representa la instalación de una Asamblea Nacional plural, con parlamentarios de la oposición que no levantarán la mano para aprobar leyes de carácter socialista es, sin duda alguna, un asunto que inquieta a Chávez, puesto que el este no acepta el pensamiento crítico y las voces contrarias a su criterio en el seno del hemiciclo parlamentario. Por esta razón, poco antes de culminar el período 2005-2010, el oficialismo en la Asamblea Nacional tomó la delantera y en menos de 15 días logró la aprobación de un conjunto de leyes que disminuyen el ámbito de competencias del parlamento, para otorgárselos al nuevo órgano “comunal” cuyos alcances aun se desconocen.

Chávez está claro en que la radicalización de su régimen equivale a la pérdida abrumadora de la popularidad. Por ello,  también se adelantó a producir instrumentos legales que le permitirán controlar los medios, imponer la censura y la autocensura, intervenir en todas las actividades económicas, así como en las organizaciones e instituciones en donde puedan surgir conflictos, como es el caso de las universidades, por ejemplo,  a las cuales les eliminó la autonomía y les cercenó  todas las libertades. Afortunadamente, y tal vez atendiendo a algunas mediciones, el presidente Chávez vetó la ley y dejó en manos de la nueva Asamblea Nacional la discusión y aprobación de un nuevo instrumento legislativo sobre la materia.

En los próximos 18 meses Chávez gobernará por decreto,  gracias a La Ley Habilitante que le confirió esta potestad y delegó en el mandatario buena parte de sus propias tareas. Tal circunstancia se convierte en un escenario en el que es difícil vislumbrar cuál será el desenlace, pero en el que sí es fácil adivinar grandes conflictos, sobre todo en el ámbito social.

Y cuando hablamos de conflictos suponemos aquellos derivados del enfrentamiento de dos visiones contrapuestas de país. La socialista y radical anunciada por Hugo Chávez, y la democrática, plural y ecléctica de amplio porcentaje del electorado que se pronunció el 26 de septiembre de 2010 en contra de los postulados socialistas del oficialismo. El pensamiento único fue repelido por el pueblo venezolano en las urnas.


Pero, al parecer, a Hugo Chávez le cuesta aceptar que Venezuela no se siente cómoda con instituciones de corte socialista. Venezuela rechaza la izquierda radical y no comulga con la intención del régimen de imponer, por la fuerza, un modelo inspirado en fracasado castrismo cubano.

La oposición ha venido creciendo, muy a pesar de los esfuerzos de Chávez  por borrarla del mapa y enviarla al exilio. Y la oposición crece porque hay descontento, rabia, frustración, amargura y tristeza, por ver a Venezuela convertida en un país empobrecido, refugio de fuerzas terroristas (FARC, ETA, etc.), estado forajido, puente de la droga, corrompido. La Venezuela decente está cansada de 12 años de locura, de desgobierno, de fracasos económicos, de esconder la cara ante el mundo por la ausencia de un estadista. El país está cansado de un gobierno que se ha aprovechado de las debilidades del pueblo —pero sobre todo de sus necesidades—, que pretende imponerse aún a sabiendas del rechazo popular, con su detestable discurso y su proyecto personalista, autócrata y violador de todas las normas democráticas y de civilidad  política.


En el 2011, Chávez tendrá que jugarse el todo por el todo, puesto que la radicalización incluye el juego completo. Y la sociedad venezolana también se verá obligada a salir al ruedo para defender a pulso, los vestigios de democracia y  de libertad que aún se mantienen. La lucha será por recuperar al país del secuestro de las instituciones del cual  es objeto desde 1999. Para ese entonces, la estrategia de pedir perdón, del llamado a la conciliación con el Crucifijo en la mano, ni los juramentos, le servirán a Chávez para mantener el control. Ya conocemos la historia, es una escena muchas veces vista, que en esta oportunidad no tendrá el mismo resultado. Es tarde para ello.

Desbarajuste económico

Venezuela presenta para el 2011 un panorama económico preocupante, con una inflación superior al 27.5 % (la mayor en América Latina), con contracción de más de dos trimestres, con un deterioro de los ingresos fiscales, un alto nivel de desempleo, la paralización del aparato productivo y empresarial, un bajón en las inversiones extranjeras producto de las expropiaciones y de la falta de seguridad jurídica. Frente a esta difícil situación, y aunado a la delincuencia, a la inseguridad, al desabastecimiento y al caos político que reina en el país, tendremos una especie de terreno fértil para la confrontación.

Chávez se preparó con anticipación para la batalla que será dura, por ello acude a los recursos que le quedan a la mano, que no son otros que la creación generación de miedo,  y el extremar los controles sobre todos los sectores del país, cohesionando además la base que lo soporta desde el punto de vista ideológico para evitar que en pleno proceso, sus propios aliados “salten la talanquera” por temor a estar con el bando perdedor.

La radicalización del régimen busca desesperadamente intimidar a la sociedad, anunciando guerras, todo con el ánimo de doblegar las fuerzas que se resistan a su modelo y eliminar los factores que son fundamentales para la gran batalla electoral del 2012, fecha para cual, debe haber perdido buena parte de  la popularidad que aún conserva.

La Venezuela decente y democrática tendrá que idear estrategias de resistencia que le permitan triunfar frente al enemigo, que aunque golpeado, aun resulta poderoso. Hay que estar preparados para todo, pues el 2011 será intenso, contradictorio y conflictivo cien por ciento, serán doce meses en los cuales el régimen seguirá tratando de imponerse mientras que, del otro lado, el resto de los venezolanos se resistirá a la imposición. Es el tiempo de actuar.

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