jueves, 8 de marzo de 2012

Chávez y el Chacal, Asunto de Estado

Por Nelson Castellano-Hernández 
Ex Cónsul de Venezuela en París 

Mucho tiempo antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, el gobierno francés se inquietaba por sus intereses en Venezuela, en septiembre de 1994: Francia solicita que vigilen a la familia de Carlos. Oficiosamente advierten al país del peligro que existe de que en Venezuela se forme una célula terrorista, que tenga relación con grupos de extrema izquierda y con el narcotráfico y que en algún momento puedan atentar contra los intereses franceses.
Para esa época la posición oficial venezolana no dejaba lugar a dudas, Le representación diplomática velaba por que se respetaran sus derechos humanos y que tuviera un juicio justo, pero no era parte civil del mismo.
Carlos lo aceptaba pero se sentía molesto, “Yo soy el venezolano más famoso del siglo”, me había dicho en una oportunidad, y eso le hacía pensar que merecía honores como tal.
En realidad Ilich Ramírez Sánchez es un reo que purga una primera sentencia de cadena perpetua en Francia por el asesinato de tres personas en Paris en el año 1975 y una segunda a la que ha sido condenado por otra serie de atentados en diciembre del 2011.

Mucho se ha dicho y escrito sobre la personalidad de Carlos “con un pie en el lujo y otro en la revolución”*, la “jet-terrorismo, los grandes hoteles, el lujo. Los placeres de la vida a los cuales Carlos se aferra, aún hoy en día, detrás de los barrotes”*.
Klein un activista alemán, quien compartió con Carlos un campo de entrenamiento en el Yemen dice: “Él se preocupaba mucho de su aspecto físico. Iba al pedicurista, al manicurista. Se compraba ropa al último grito de la moda. Cuando utilizaba la sala de baño, duraba horas, se empolvaba como Luis XIV, y cuando salía, estaba tan perfumado como para hacer caer las moscas del techo”*.
Un médico sudanés ha llegado a afirmar que cuando fue arrestado en Khartoum en el hospital fue “por una liposucción destinada a eliminar un exceso de grasa en la cintura”*.
Figura mítica del terrorismo de los años setenta y ochenta, fabricado por la prensa, su nombre está inscrito en la memoria de varias generaciones: Carlos era el terrorista más buscado del mundo hasta que lo destronara Osama Ben Laden, considerado el hombre más peligroso del planeta.
Su esposa islámica, quien es también su abogado, Isabelle Coutant Peyre. En ocasiones utiliza extraños argumentos para su defensa y a menudo se inmiscuye en asuntos de la política nacional venezolana y deja caer que la oposición venezolana contra Chávez es pro-yanqui y que Carlos es “un peligro real para EE UU”. Al respecto afirma: “Él es una persona muy inteligente y hábil para organizar la oposición contra EE UU, y porque tiene excelentes relaciones con los militantes islámicos. Eso lo constituye en un peligro real para EE UU”. Todo eso podría ser discutible. Lo que resulta más chocante es verla una vez más justificar las acciones violentas de Carlos, con argumentos que en otros países otros actores también han causado muertes y violencia por la acción militar. Y afirma: “No tiene sus manos más ensangrentadas que cualquier general de un ejército occidental”. Como si una muerte pudiera justificar otra. Como si el delito del que pudiéramos ser víctima nos exculpara de querer hacer justicia por nuestras propias manos. Toda una apología para responder la violencia con más violencia, extraña teoría de parte de un abogado, que supuestamente debe ocuparse de que por encima del derecho de la fuerza se aplique la fuerza del Derecho.
La gran interrogante que se hace todo el mundo es el porqué? del interés de Chávez por Carlos, en una entrevista respondí que cuando el Gobierno de un país facilita el ingreso de médicos o enfermeras es porque tiene problemas de salud que resolver; pero si lo que desea traer al país es a uno de los terroristas más peligrosos del mundo, es porque necesita de su experiencia en su acción de Gobierno, Carlos representa, para Chávez, el elemento venezolano que requiere frente a una presencia de consejeros paramilitares cubanos que se hace cada vez más numerosa. Sin lugar a dudas el personaje influye el suficiente respeto y temor que el propio Chávez no inspira en Fidel. Poner a la cabeza de esa milicia paramilitar a Carlos puede garantizarle un control más efectivo de la misma. Por otra parte, el Presidente Venezolano no pierde de vista que Ilich podría convertirse en un elemento catalizador frente a los sectores islámicos extremistas, que se han ido formando en Venezuela en los últimos años, además de poseer una innegable experiencia de la acción en el terreno por lo que puede entenderse perfectamente con la guerrilla colombiana. Una ficha importante que podría jugar una posición estratégica en su “Revolución Bolivariana”.
Cuando inicié mi campaña internacional para alertar sobre el peligro de que el petróleo venezolano sirviera para financiar la creación de un bloque anti-imperialista, que continuara la actividad terrorista que había iniciado Castro en los años sesenta, la abogado y esposa “islámica” de El Chacal reitera sus posiciones y señala en el diario español El País, en enero del 2002, la existencia de una conspiración contra Chávez, apuntando como responsables a los servicios secretos de EE UU y Francia, declarando que detrás de mis denuncias existía un proyecto de intereses internacionales. En esa oportunidad afirmó: “Toda esa campaña está alimentada por personas que se encuentran bajo la protección del FBI. Tengo la impresión de que también hay una operación de los Servicios Secretos Franceses”.
Como si yo fuese una especie de “James Bond” latinoamericano, que trabajando para la CIA en contra de los intereses que pudieran existir entre Francia y mi país, habría logrado engañar a los Servicios Secretos Franceses para también obtener su apoyo. Para terminar de definir sus principios sobre el imperio de la Legalidad, la jurista, en la misma entrevista agrega: “¿Y qué más dice el Señor Castellano: que lo llevaron secuestrado a Siria? ¡Pues que investiguen en Siria!”.
Frederick Tristán escribió un ensayo titulado “El mundo al revés” en 1980, en el cual explica cómo una imagen puede simultáneamente y de manera contradictoria, sugerir una impensable mutación de valores y representar el caos del mundo real tal si se tratara de un orden antiguo.
En el teatro del autor inglés Shakespeare, lo grotesco sirve como excusa irrisoria, radicalizando todo lo que es excesivo y anormal. Algo así como un emblema del desorden típico de ciertas sociedades modernas.
No todo debería ser colocado en el mismo plano; en algunos casos esas situaciones aparentemente imposibles o absurdas encuentran su puesto en una sociedad que respeta las leyes y la Democracia, sistema que es utilizado por individuos que en su actuación no han respetado nunca ninguno de estos valores. Igual que la letra del conocido tango argentino “Cambalache”: “Que es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, o el que cura, o está fuera de la ley”.
El 22 de marzo del 2002 la abogado de Carlos se constituye parte civil de un juicio frente al decano de los jueces de instrucción de París por los cargos de difamación y calumnia contra un particular, actuación jurídica seguida por otra igual de parte de su defendido Ilich Ramírez Sánchez (Carlos). Como apoyo a su denuncia ellos incriminaron un artículo publicado en el periódico francés Le Monde, así como dos comunicados de prensa de las agencias de noticias AFP y la AP que recogían la información de una denuncia realizada por el ex diplomático venezolano Nelson Castellano-Hernández contra ellos y contra el Presidente Chávez por los cargos de secuestro, amenazas de muerte y complicidad (14 de Enero de 2002).
La abogado Coutant Peyre estimaba que mi denuncia se constituía en calumnia por el hecho de haber sido, supuestamente, hecha pública deliberadamente.
Efectivamente una denuncia mía exponía que en mi calidad de ex diplomático venezolano en funciones en el Líbano (1991) y después en París (1995 – 1999), había tenido la ocasión de reencontrar al Ilich a título profesional y había sido víctima de sus actuaciones, haciendo referencia al secuestro en el Líbano y a las amenazas en mi contra cuando ejercía mis funciones consulares, esa denuncia fue declarada sin lugar por falta de pruebas; sin embargo, en la requisitoria definitiva del proceso sobre difamación y calumnia al que asistí como “testigo asistido” frente a la parte civil del juicio la Abogado Isabelle Coutant e Ilich Ramírez Sánchez, se dejo constancia que en el juicio anterior mis testigos, antiguos diplomáticos, no fueron escuchados por el juez instructor ya que no se presentaron a declarar.
En ese primer juicio había expuesto las razones por las cuales me sentía amenazado y por las cuales temía por mi seguridad personal, haciendo referencia entre otras cosas, a frases amenazantes que me habían sido proferidas; a la campaña de prensa en mi contra, a las solicitudes que se le habían hecho al Gobierno venezolano, por parte de Ilich y algunos de sus familiares y que trajeron como consecuencia mi destitución como diplomático; a la comunicación del Embajador Hiram Gaviria donde le informaba al entonces Ministro de Relaciones Exteriores venezolano (José Vicente Rangel), que Carlos amenazaba de muerte a funcionarios de su Embajada. Hacía también referencia a los sucesos ocurridos en Beirut: el asesinato del testigo principal de la investigación que se le realizaba al antiguo Embajador en el Líbano; al sabotaje del vehículo en que me desplazaba cuando era Encargado de Negocios de Venezuela y al secuestro ocurrido el 1° de Septiembre de 1991. Estos argumentos los ratifiqué durante los interrogatorios de la primera audiencia, del juicio abierto que buscaba probar que era culpable de los delitos de difamación y calumnia contra el “inocente” Carlos.
Cuando Ilich se constituyó parte civil del juicio expuso que lo había difamado y atentado contra su honor y a su consideración, por haberlo presentado como autor de amenazas de muerte. En un país donde el ordenamiento jurídico se respeta y las leyes se aplican, las cosas para mí eran evidentes; debía someterme a una eventual acusación y esperar confiado al resultado final del juicio, probablemente necesitaba que una sentencia me devolviera la dignidad que me había negado el Gobierno de mi país. El 10 de septiembre de 1999 complacieron las pretensiones de Ilich y por no prestarme al juego de su defensa fui expulsado del Servicio Exterior venezolano. Un día antes de cumplirse una década el 9 de septiembre del 2009, un tribunal francés me permite cerrar un capítulo de mi vida y para mí marca el inicio de una nueva era. Clausurar ese episodio me permite enfrentar con tranquilidad el peligro.
En mi caso particular la diferencia es evidente, como si el mundo ya no estuviera al revés, la Justicia francesa ha resuelto y el 9 de septiembre del 2009, el Tribunal de Gran Instancia de París dictaminó: “Vista la Ley del 6 de Agosto del 2002; visto el artículo 6 del Código de Procedimiento Penal, constatamos la extinción de la acción pública sobre la difamación (…) En vista de que durante la investigación no se han encontrado pruebas suficientes contra el Señor Nelson Castellano-Hernández de haber cometido el delito de calumnia en perjuicio de la Señora Isabelle Coutant y del Señor Ilich Ramírez Sánchez llamado Carlos; visto los artículos 175, 176 y 177 de Código de Procedimiento Penal declaramos: no existir lugar a continuar esta acusación contra persona alguna”.
Este juicio es posible porque Ilich se encuentra cumpliendo una pena de prisión a perpetuidad en Francia, país civilizado que le garantiza sus derechos a todos los ciudadanos, incluyendo al reo venezolano. Lo complicado para el sistema democrático es que por su propia naturaleza está obligado a garantizar la Justicia aun a aquellas personas que siempre han vivido al margen de la Ley. En este proceso en el que Carlos y su esposa–abogado me colocan en su línea de mira, el Juez de Instrucción termina por declarar que, el análisis de los elementos que mostré en el juicio, permite probar la buena fe de mi parte.
Durante su audición ante la Corte de Apelaciones de París, Carlos rinde unas declaraciones extravagantes; comienza por afirmar que yo me encuentro manipulado por mi abogado, quien supuestamente pertenece al lobby sionista contra-revolucionario cubano establecido en Miami. Luego entra en un juego de opiniones contradictorias; primero destaca que provengo de una familia honorable y que soy de militancia social cristiana, para luego afirmar que fui entrenado en Nicaragua por la guerrilla sandinista y ser un agente de los Servicios Secretos franceses en Trípoli e Irán, cuando en realidad jamás visite Libia ni cumplí función alguna en ese país y, por otro lado, la única vez que visite Nicaragua fue para colaborar con los partidos de oposición al movimiento sandinista.
La parte más surrealista de su declaración la reservó a explicar mi secuestro: “Castellano me hizo saber que quería verme y bajo esas circunstancias lo invité a un restaurant de la Bekaa libanesa. Unos camaradas fueron a buscarlo para traerlo al restaurant. Había dos vehículos. No hubo disparos. Fue la última vez que lo vi”, resumiendo para él fue la invitación que me hizo. Eufemismo que le sirve para explicar que una mañana te despiertan los golpes a la puerta ocho hombres armados: entran, te sacan obligado de tu casa, te meten en un vehículo sin ninguna explicación, acompañado de cuatro personas; otro vehículo te sigue con otros cuatro hombres, te sacan del país donde vives, atraviesan la frontera entre disparos para presentarte frente al hombre más buscado de los Servicios Secretos del mundo y que buscaba intimidarme. Eso él lo llama una invitación; yo lo denomino un secuestro.
Oponerse a los planes de Chávez siendo venezolano es un riesgo con graves consecuencias.
Un escritor norteamericano me decía que no debían existir muchas personas que hayan encontrado a Carlos en libertad, que hayan sido secuestrados por él, que lo visitaran en su celda de la prisión francesa, que se hubieran enfrentado a sus deseos y que continuaran con vida; le parecía interesante, yo no lo veía así. Había vivido esa situación sin buscarlo y más que un actor de los hechos, he sentido siempre que fueron las circunstancias las que me obligaron a vivir esa experiencia. Cuando me llevaron a Siria no sabía si iba a regresar; ese día algo dentro de mí cambió para siempre: el terrorista internacional que buscaba intimidarme despertó en mí una calma absoluta frente al peligro, pero dejó secuelas, ya que la persona que se llevaron ese día no es la misma que regresó. Aprendí que no me han convertido porque guarde silencio; que el camino más largo lo emprenderé siempre paso a paso y que después de la tormenta amanecerá de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada