martes, 26 de abril de 2016

Las colas del hambre, ¿Sinónimo de socialismo fracasado?

Por Maibort Petit
@maibortpetit


Desde lejos se veía lastimoso, cientos de miles de personas haciendo colas para comprar alimentos. En las fotos se observaba la gente con las caras desencajadas, pálidas y con la mirada perdida en el horizonte. Era la cara del hambre que nunca habíamos conocido en Venezuela. Cuando era estudiante en París -en la década de los 90-  Europa entera celebraba los 50 años del desembarco en Normandía, ocurrido el 6 de junio de 1944. Por ser aquella una fecha histórica, las universidades prepararon una serie de exposiciones que mostraban los horrores de la II Guerra Mundial y del fracaso de los modelos políticos autoritarios. Curioseando me encontré con una exposición de fotografías tomadas por unos turistas que había estado en el verano de 1988 en Moscú, cuando aún la Unión Soviética estaba de pie. 

Las imágenes mostraban las ruinas generadas por el socialismo. Las colas del hambre de la famosa capital del "Imperio" soviético. En la URSS hacer colas era parte de la cotidianidad, había colas para comprar pan, carne, para los comedores, para comprar zapatos, ropa, agua, vodka o leche. El pueblo ruso tenía miedo a quejarse, porque conocía las consecuencias de hablar en alto, los estragos de la revolución socialista estaban impregnados en la mente del colectivo. El pueblo sufría de abulia colectiva, se había acostumbrado aceptar todos los abusos del régimen, el hambre y la miseria. 

En Moscú las colas más populares de los años 80 eran las de pan, ya que no había materia prima para hacer harina. Muchas veces la gente pasaba más de 8 horas en las colas  para comprar un pan mohoso y duro que era difícil de comer. En la URSS, el desabastecimiento de alimentos fue alarmante. 

La mayor parte de los sueños de la gente era degustar una salchicha, leche, pan o cualquier alimento delicioso. Sólo tenían acceso a la comida, los jerarcas del régimen y el sector de la hostelería. 

Programas sociales, misiones


Si. En los años veinte del siglo XX en la Unión Soviética se implementaron una variedad de programas sociales, entre los que se encontraban los  llamados "servicios de restauración a gran escala." En aquellos años el régimen expropió las empresas productivas. El comercio privado fue suplantado por cooperativas y empresas estatales. En el período 1928-1935, la Unión Soviética tenía alimentos, y el pueblo los compraba por medio de los cupones de alimentos especiales o las tarjetas de alimentación. Un sueldo mensual de trabajo sólo era lo suficiente para comprar 5 kg de salchichas o 3 kg de carne. Sólo una décima parte de los ciudadanos de la Unión Soviética tenían derecho a la entrada "carne"  y el "aceite".

Las colas disminuyen las protestas y el miedo las acaba

Dentro del proceso de aprendizaje de los líderes del proceso soviético, luego copiado y perfeccionado por los cubanos y otros gobernantes comunistas, observaron que las colas por hambre y sed actúan como un minimizador de la capacidad de reacción de la gente. El hambre disminuye las protestas y eso está más que comprobado. Durante el colapso del modelo socialista soviético las colas se incrementaron para conseguir comida, hubo un incremento del costo de la vida, aunado a la inestabilidad política y la escasez de varios productos. 
El modelo soviético demostró el fracaso del socialismo, la inviabilidad de las políticas económicas y, en especial, los programas agrícolas que siempre han traído como consecuencia el hambre, el racionamiento y la escasez. Las viejas promesas soviéticas -repetidas por muchos regímenes dictatoriales a lo largo y ancho del globo terráqueo aún tienen vigencia.  Luego de la II Guerra Mundial en la URSS se presentaron los famosos planes quinquenales (1946-1950) que aseguraban que iban a crear abundancia de alimentos, y que la URSS sería una potencia alimentaria. En 1953, dijeron que el país tendría abundancia de carne, leche, mantequilla, huevos y otros productos. En 1957, el gobierno decía que superarían a los EE.UU. en producción de comestibles. Y la gente seguía creyendo hasta que experimentó el hambre en una fase que jamás habían conocido los ciudadanos de la época.

Las falsas promesas del socialismo
La historia ha demostrado repetidamente que la expropiación y colectivización del sistema de producción sólo genera atraso, paralización de la producción y  escasez. La URSS tuvo que palear el hambre de su gente con alimentos importados del mundo capitalista, incluyendo -claro está- a los Estados Unidos. El mundo soviético se transformó en una potencia de  hambre, de ciudadanos mal alimentados, enfermos y esqueléticos. 


La URSS fue un ejemplo vivo de calamidad, donde las colas eran tan largas que se le hacía difícil al gobierno manejarlas. Hacia los años 60, el régimen había ordenado alocadamente sembrar maíz en tierras que eran aptas para otro tipo de cultivos, lo que produjo un desastre ampliamente difundido por la historia. Los cultivos se congelaban y agudizaron la hambruna existente en los países de la federación. Era tal el desconocimiento del régimen soviético sobre la agricultura que ordenaron producir trigo en las llanuras de Siberia.

En aquellos tiempos se hizo popular que los jerarcas dijeran -entre sí- que en las economías planificadas, el año presente era siempre mejor que el próximo, refiriéndose al caos creciente que se generaba con la falta de alimentos y el incremento del hambre en la población. En la URSS los períodos de hambruna  eran calificada con el nombre del gobernante de turno, así se recuerda la muy conocida hambruna de Leninista, y otra que la propaganda oficial trató de ocultar, la  hambruna Stalinista. Miles de rusos se alimentaban de sus propios cultivos porque el gobierno no era capaz de solventar, ni de manejar eficientemente la seguridad alimentaria de la población.

Ya por los años 90, Mikhail Sergeyevich Gorbachev reconoció que la situación económica en la URSS era siniestra y contraria al progreso y fue entonces cuando se empezó a desmontar el sistema, cuyos estragos aún se mantienen presentes en varios países que conformaron la Unión Soviética.

Las colas del hambre en la Cuba Castrista

Uno de los satélites de la URSS, Cuba, tuvo sus particularidades en la aplicación del régimen. No obstante, las colas  son probablemente la organización que mejor ha funcionado en la isla a lo largo de más de 5 décadas de gobierno de los hermanos Castro. En Cuba se hace cola para todo, desde comprar alimentos, recoger las remesas enviadas por los cubanos del exilio, tomar el autobús, hasta para asistir a la plaza para escuchar los discursos de la revolución. 

En la Habana y las capitales de provincia la gente se acostumbró hacer colas y a permanecer en silencio para evitar ser pescado por los sapos del gobierno, cuyo poder puede llevar a cualquiera a la cárcel o al cementerio. Las colas en Cuba son enormes y han sido escenario de cualquier evento que por su características pasan a ser parte del realismo mágico.  Desde olores matadores, los partos a medio andar, los coqueteos sexuales y hasta las declaraciones de matrimonio. Para la gran mayoría esperar largas horas es una tarea insoportable, tortuosas y emocionalmente dañinas. Pasar horas bajo el sol y un calor infernal, en condiciones infrahumanas en un asunto de resistencia.

Las colas del hambre  en Venezuela

Contrario a las promesas hechas por el fallecido Hugo Chávez, quien ofreció que Venezuela sería una potencia alimentaria en el mundo, bajo el régimen Chavista que se encamina a los 18 años, el hambre y la miseria ha llegado a niveles que nunca antes el país había conocido.  Hoy en día la pobreza ronda en un 75 por ciento, y más del 60 % la población pasa más de 8 horas en colas para comprar alimentos.
El Chavismo, al igual que en su época la Unión Soviética o Cuba (sólo por nombrar dos ejemplos), no es capaz de entender que el caos sobreviene cuando se violentan los intereses legítimos de los ciudadanos. El gobierno de Venezuela no ha entendido que la expropiación, o estatización de los medios de producción sólo genera un desequilibrio en el mercado que a la larga crea desabastecimiento, y hambre. 
En la actual Venezuela la vida de los ciudadanos de a pié queda limitada a la triste ocupación de buscar comida, medicina o agua. Las cientos de colas que se mantienen incesante en los supermercados de todo el país, están conformadas por gente que se aferra -con nostalgia- a los buenos recuerdos de un ayer que pareciera estar vedado, cuando sólo era necesario ir a un abasto para conseguir todos los productos que se buscaban, sin necesidad de colas, ni de un carnet de un partido político y sin el forcejeo de las fuerzas del régimen. En aquellos tiempos las únicas colas que se hacían eran para ir a los conciertos de famosos o al estadio, para disfrutar de un buen partido de béisbol.

Los escenarios de caos que existen a lo largo y ancho de la geografía nacional son un asunto que debe llevar a la reflexión y a buscar la solución que el caso amerita. 

Venezuela se convirtió en la sucursal del infierno, donde reina la anarquía y el desorden. Empresas quebradas, cerradas, las morgues llenas de cadáveres, una delincuencia azotadora, escasez de alimentos y medicinas, de agua, cortes de electricidad y de  otros servicios. Cada día es más evidente la pauperización de la vida de la mayoría de los venezolanos, que ven cómo su humanidad es expropiada por la ineficacia e incapacidad del gobierno de gestionar los asuntos públicos.


Es evidente que el gobierno de Nicolás Maduro no va a reconocer públicamente, como tampoco lo hicieron los hermanos Castro o Stalin, que la escasez se debe única y exclusivamente a las erradas políticas implementadas en materia económica y política que destruyeron el aparato productivo nacional, convirtiendo las empresas productivas en mastodontes abandonados por la desidia oficial.

Las colas venezolanas no se diferencian de aquellas que capturaron las fotografías de los turistas que fueron a curiosear a Moscú en los años previos a la caída del imperio rojo.  

En los últimos meses las colas en Venezuela se han incrementado. 17 años del régimen chavista, caracterizado por la aplicación de un sistema que ha colapsado en el mundo entero y que han convertido a Venezuela en una sociedad improductiva y paralizada con una economía depauperada, podría ser el principio del fin. Lo fue el la URSS y en cierto modo en otros países donde las colas se convirtieron en la fotografía del fracaso del régimen, como en la Chile de Allende o en la Alemania Oriental. 

El caos absoluto y la abulia colectiva le dieron paso a la transformación social, política y económica. Esperamos que las colas, sean en esta oportunidad, la alfombra que da la bienvenida a los cambios que clama la población. Toca esperar, mientras tanto seguiremos viendo la angustia de la gente cuando le pega el hambre en estómago.




1 comentario:

  1. No veo colas en China ni en Rusia ni en Bielorusia ni en Norcorea. Por cierto la economía más poderosa de la actualidad? China Comunista. Creo que este artículo en el enfoque que usted le da es una completa idiotez.

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